Carlos Monsiváis, el fabulista que sorprendió a Dios

México, D.F.- La excentricidad del texto. El carácter poético del Nuevo catecismo para indios remisos es el título de un libro que publicó recientemente la UNAM a través de la Coordinación de Difusión Cultural y la Dirección de Literatura en su serie El Estudio, bajo la coordinación de Raquel Serur. La publicación recoge cuatro parábolas del libro original de Carlos Monsiváis, doce ensayos y dos apéndices con sendas entrevistas

Carlos Monsiváis es uno de los personajes más importantes de la cultura mexicana contemporánea. Sin embargo, su vasta obra como cronista, periodista, ensayista, y para algunos hasta guía moral, dejó al margen del conocimiento masivo una de las vertientes en la que incursionó fugazmente: la literatura de ficción.

El mosaico de opiniones sobre el Nuevo Catecismo va desde los estudios metódicos y minuciosos como los de la propia maestra Serur, “Un catecismo para descreídos” y el de Linda Egan, “La teología secular de Carlos Monsiváis en nuevo catecismo para demócratas remisos”; hasta (pre)textos para el homenaje en breves creaciones literarias como las de Juan Gelman (“Hechos”) o Rafael Barajas, El fisgón (“Los delirios del catecismo producen fábulas”). También se recogen textos importantes de Adolfo Castañón, Margo Glantz, Sergio Pitol, entre otros. Con ello se comprueba que, como en la parábola ¿cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler?,cada metáfora es un hecho infinito” y, en el caso de Monsiváis, que en sí mismo es una gran metáfora, abre la posibilidad de interpretaciones ad eternum.

Varios autores enfatizan los orígenes religiosos de Carlos Monsiváis. Se recuerda sobre todo la afirmación que hizo en su Autobiografía Precoz: “Mi verdadero lugar de formación fue la Escuela Dominical”, que sirve como punto de partida para algunas de las interpretaciones de la obra. Asimismo, se destaca la admiración que tuvo Monsiváis por el traductor bíblico Casiodoro de Reina y su discípulo Cipriano de Valera, sus anécdotas mnemotécnicas juveniles de aprender y recitar los nombres de los libros que componen la Biblia, entre otros aspectos, para justificar esa visión religiosa.

Sin embargo, el propio cronista señaló que su admiración por esas traducciones obedece a que logran uno de los momentos más altos de la lengua castellana. Asimismo, en la entrevista que le hizo la escritora Elena Poniatowska reafirma su vocación laica y observa que la intención del Catecismo que escribió no toma una postura antirreligiosa o anticatólica, sino exhibe algunas creencias delirantes pararreligiosas.

De hecho eso fue lo suyo: mostrar nítidamente las manifestaciones absurdas de la vida social con total lucidez. Pero hay algo más y muy importante: el estilo. Linda Egan y Raquel Serur hacen una disección brillante de su estilo, con ejemplos abundantes y esclarecedores, demostrando que el manejo retórico de Monsiváis es uno de los más logrados en la literatura contemporánea.

Parafraseando al Catecismo del Padre Ripalda, el libro La excentricidad del texto es una explicación parafrasística para la mayor inteligencia de los dogmas y misterios de Carlos Monsiváis.

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