Regresa Las Meninas al auditorio del MUAC

México, D.F.- Escrita por Ernesto Anaya y dirigida por Ignacio García, Las Meninas es una obra que recrea el proceso creativo que resultó de la mítica pintura homónima de Diego Velázquez. Profunda reflexión sobre el acto creativo y la opresión en el siglo XVII español, la exitosa puesta en escena tendrá nueva temporada en el auditorio del Museo Universitario de Arte Contemporáneo en el CCU de la UNAM

Durante los últimos 20 años de su vida, Velázquez dejó de pintar, colgó los pinceles y abandonó todo trabajo artístico para dedicarse en cuerpo y alma al gran objetivo de su vida: La Cruz de Santiago, devenir noble habiendo nacido plebeyo. Año tras año no se le concede y empieza a perder las fuerzas; siente venir la hora final y retoma los pinceles por última vez para soltar sobre el lienzo esa obra maestra.

¿Cómo fue posible hacer tamaña genialidad luego de haber sido estéril durante décadas? ¿De dónde salen Las Meninas? ¿Quién está detrás de esta obra tan memorable? Quizá el juego perverso y desesperado de un cuadro por llegar a ser, de un retratista de corte que se da cuenta que puede hacer un retrato que superará por mucho cualquier otro retrato, que puede hacer una pintura que atrapará a la humanidad toda, la que le tocó padecer a él mismo y la que padecemos nosotros.

La poesía, salvación de la historia

España, siglo XVII. 1656, se calcula. En un país racista, clasista, con una monarquía absoluta ultracatólica e inquisitorial, y con una dinastía a punto de colapsarse por el incesto, cinco personajes pelean por sobrevivir sin renunciar a su identidad y a sus posiciones.

“Todos esos personajes probablemente estarían olvidados pero Las Meninas es la salvación: la Infanta no puede ser reina; Velázquez no puede ser feliz porque no alcanza la nobleza; Maribárbola, una enana que vino de Alemania, es una desgraciada en esa corte, como las Meninas. Y gracias a esa pintura tienen un lugar en la historia, forman parte de una obra poética”, explicó el director Ignacio García en entrevista.

Por ello, la intención del director no ha sido hacer un retrato naturalista de la época sino mostrar la frustración de la época.

“El reto será plasmar toda la angustia, la opresión del mundo de la España de entonces para que el público no tenga una sensación histórica sino ambiental: ¿cuánto oprimía el siglo XVII? Esos personajes condenados al fracaso, a no ser nada, son salvados por el cuadro”.

De ahí  el carácter fundamental del trabajo con los actores: crear personajes creíbles en su desesperación. “Nos da absolutamente igual cómo es el día de una princesa; nos interesa la angustia de los personajes de la corte de Felipe IV. Ésta es una obra sobre opresión, sobre las obsesiones de un artista y la necesidad de mirar el mundo de otra manera, a veces con gran dolor y otras con gran ironía”.

El elenco reúne, en palabras de García, actores de temperamento teatral muy distinto, lo cual es ideal con personajes tan contrastantes. Javier Díaz Dueñas interpreta a Velázquez, Aurora Cano a la Infanta Margarita, Arturo Vences a Maribárbola, y Violeta Sarmiento e Ichi Balmori son las Meninas.

De la pintura al teatro

Si Las Meninas es una pintura sobre una pintura, y ésta una obra sobre esa pintura, nos enfrentamos a una compleja construcción narrativa que va de la supuesta bidimensionalidad de la pintura a la multidimensionalidad del teatro.

“A partir de una imagen estática, el dramaturgo inventa toda una génesis teatral sobre cómo se llega a ese retrato. Ésa es una parte, la otra es el trabajo de los actores, encargados de que la historia sea cuerpo, alma, voz, sentimientos, emociones. Intentamos leer todas las historias ocultas en ese cuadro riquísimo, profundamente revolucionario para su tiempo”.

Así, consiguieron que el cuadro, elemento estático, se convierta en muchas potencialidades que integran al espectador, quien puede descubrir el origen de los personajes de ese retrato lleno de símbolos.

“La estructura narrativa del texto es brillante por su heterogeneidad. Crea tres líneas de acción: Velázquez y la infanta, las dos Meninas y Maribárbola. Se va conduciendo una especie de thriller, un camino desesperado hacia la salida. Y en este caso no se busca un asesino sino qué cuadro harán todos. Esa es su salida hacia otro mundo, el de hoy, donde se salvan porque en su tiempo estuvieron condenados irremisiblemente”.

El equipo creativo, con escenografía y vestuario a cargo de Cordelia Dvórak, ha trabajado en una obra que muestra fragmentos del cuadro y al final lo compone. Y sitúa a la famosa pintura en una España de mentira que no producía riqueza, sino que la malgastaba en una nobleza inútil, en guerras estériles y en la persecución de judíos y árabes para justificar una idiosincrasia y un círculo de poder. “Todo esto no está en el cuadro, pero sí detrás de él”.

Esa historia, en la que Velázquez sufrió por no conseguir la Cruz de Santiago (que el propio Felipe IV pintó sobre Las Meninas, con el arrepentimiento de no habérsela  concedido en vida), se dirige al público de hoy y busca compartirle el sentimiento de opresión.

Funciones: del 5 al 20 de febrero y del 5 al 27 de marzo; sábados a las 1pm y 7pm y domingos a las 1pm y 6pm

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Archivado bajo Ciudad de México, Cultura, México, Teatro, UNAM

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