INAH coloca lápida sobre tumba de Pakal en Palenque

Palenque, Chiapas (Mex).- Hace mil 300 años un séquito acompañó los restos mortales del que fuera el gobernante maya K’inich Janaab’ Pakal para ser depositados en una cripta, al interior del Templo de las Inscripciones, en la antigua ciudad de Palenque, en Chiapas. Ahora en 2011, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tras casi 40 horas de maniobras subterráneas, colocaron de nuevo la lápida milenaria que selló originalmente el sarcófago.

Las inscripciones jeroglíficas de Palenque relatan que el dignatario maya, también conocido como Pakal II, falleció y “entró al camino” el 28 de agosto de 683 d.C. Sin embargo, su reposo fue interrumpido un milenio después por el arqueólogo mexicano Alberto Ruz Lhuillier, quien —tras cuatro años de intensas excavaciones— descubrió la cámara mortuoria el domingo 12 de junio de 1952.

A manera de guardianes, nueve guerreros modelados en estuco rodeaban la extraordinaria lápida esculpida sobre una losa monolítica de aproximadamente siete toneladas; 2.20 metros de ancho por 3.60 de largo. En los años 50 fue elevada por el arqueólogo Ruz Lhuillier para explorar el interior del sepulcro donde reposan los restos del gobernante.

En 2004, la tumba de Pakal fue cerrada al público como una medida de conservación, ya que la entrada masiva provocaba el aumento de la temperatura y la humedad del espacio. No obstante, al comienzo de aquella década también empezó a considerarse la pertinencia de sustituir las placas metálicas que sostenían la lápida, en virtud del grado de corrosión que presentaban.

En 2008, el INAH a través de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), avaló un proyecto interdisciplinario tendiente a definir no sólo el estado de preservación de la losa, sino de los bienes de la cripta en general: relieves estucados, aplanados, sarcófago y escalones, lo que incluyó un registro pormenorizado de aspectos de conservación, arqueológicos y arquitectónicos.

Este proyecto logró la colaboración entre especialistas de diversas instancias del INAH, como las coordinaciones nacionales de Conservación y de Arqueología, la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico, y la Zona Arqueológica de Palenque; sin soslayar el invaluable apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México, a través del Instituto de Ingeniería.

Así, a finales de 2010, quince especialistas del INAH y la UNAM trabajaron directamente alrededor de la lápida y su contexto durante más de 40 horas, en condiciones de alta temperatura y excesiva humedad, para hacer descender la losa milenaria y cerrar la brecha de 90 centímetros que la separaba del ataúd.

Meses antes de hacer descender la lápida se sustituyeron las vigas metálicas, colocadas hace casi 60 años por Alberto Ruz, por unas de madera. Estas maniobras se realizaron entre julio y octubre de 2010, bajo la supervisión del restaurador Rogelio Rivero Chong, subdirector de Conservación del Patrimonio Cultural; y del maestro Abraham Roberto Sánchez Ramírez, jefe del Laboratorio de Estructuras y Materiales del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

Finalmente, el Consejo de Arqueología del INAH resolvió que era necesario descender la lápida y sellar definitivamente el sarcófago, en virtud de los riesgos que corría la pieza y de que los restos de K’inich Janaab’ Pakal contenidos en el sepulcro ya han sido ampliamente estudiados y se cuenta con muestras de los mismos.

Rogelio Rivero Chong precisó que se trata de un trabajo multidisciplinar, no sólo de mecánica sino de análisis y conservación de la lápida, que aporta nuevos elementos para un mayor conocimiento de la pieza. Adelantó que el INAH prevé una publicación conmemorativa de estos trabajos que integra una nueva revisión documental, fotografías de alta definición, dibujo arqueológico directo y en AutoCAD, que superará la información que en su momento asentaron arqueólogos como el propio Alberto Ruz Lhuillier y Merle Greene Robertson, en diversas obras.

Uno de los aspectos más destacados de este proyecto de conservación del espacio funerario, fue el nuevo registro de la lápida de Pakal II, mediante el Radar de Penetración, tecnología de punta con que cuenta el INAH. Esto permitió conocer si la losa presentaba fracturas o fisuras, u otras anomalías que significaran un riesgo durante las maniobras de retiro de las placas metálicas que la soportaban.

De acuerdo con el escaneo —por ondas electromagnéticas— dirigido por el doctor José Ortega Ramírez, del Laboratorio de Geofísica del INAH, fue posible concluir que la lápida —hecha en un solo bloque de roca sedimentaria, una calcarenita, cuyo espesor varía de los 24.5 cm a los 29 cm— no presentaba fracturas, pero su esquina noreste tiene una mayor concentración de humedad.

Iconografía de la lápida

El canto de la lápida del Templo de las Inscripciones está labrado con una larga inscripción glífica. Su lectura se inicia en el lado sur del monumento donde se señala que Pakal nació el 23 de diciembre de 603 d.C., y que murió el 28 de agosto de 683 d.C. Se agrega que él fue un sucesor de la dinastía porque así lo ordenaron sus antepasados, los “Señores Sabios de la Primera Serpiente”.

La narración continúa en el lado oriental, donde se indica que fue labrado el sarcófago, luego se registra la “entrada al camino” de varios gobernantes de Palenque.

En el lado norte, la inscripción refiere la muerte del gobernante Ajen Yohl Mat, el 8 de agosto de 612 d.C. Por último, el texto glífico del lado oeste alude al  fallecimiento de Janaab’ Pakal I, probablemente el abuelo de K’inich Janaab’ Pakal, el 6 de marzo de 612 d.C. También se registran las fechas en que murieron los padres de éste último, la señora Sak K’uk’ y el señor K’an Mo’ Ix.

La lápida tiene esculpida una escena que relata la manera en que trasciende K’inich Janaab’ Pakal a su muerte, convirtiéndose en la personificación de K’awiil, dios maya del maíz. Al igual que esta deidad, Pakal porta una diadema flamígera y asume una posición encogida, como de recién nacido.

La acción tiene como contexto el Árbol del Mundo, que recorre los tres planos cósmicos: inframundo, terrenal y celeste.

El soberano se encuentra suspendido entre estos niveles, y de acuerdo con la antigua concepción maya, está por descender al inframundo donde habrá de derrotar a los señores de la muerte para renacer como el dios del maíz, y ascender así al plano celeste, para procurar el equilibrio del universo y garantizar la continuidad de su pueblo.

Diversas deidades atestiguan los hechos, en los que Pakal va trascendiendo a los diferentes planos por medio del Árbol del Mundo, el cual brota de la cabeza del monstruo de la tierra que porta un recipiente para sacrificios. La escena está enmarcada por dos bandas celestes que representan signos astronómicos, varios personajes adoptan una actitud de hablar y parecen dedicar plegarias al gobernante fallecido.

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